La causa de la galopante pérdida de credibilidad que actualmente sufre Mario Vargas Llosa es absolutamente visible -por ejemplo- en su decidida actitud en esparcir críticas infundadas respecto a Venezuela, a la vez que guarda silencio sepulcral en cuanto a la masacre de poblaciones que su compatriota Alan García está llevando a cabo en la Amazonia Peruana.
Aquí en Venezuela el mencionado personaje interpretó uno de los más tristes papeles que mortal alguno pueda apreciar a través de la pantalla. Ya desde antes la opinión pública de los países que éste visitaba lo calificaba como “opinador de oficio”; aún así yo casi estaba convencido de que, por el contrario, se trataba de un intelectual derechista que finalmente arribaría a nuestro país para ayudar a comenzar el debate derecha-izquierda que algunos necesitan para avanzar en la comprensión de nuestra realidad como sociedad.
Pero no. Todo lo que Vargas Llosa hizo en Venezuela fue seguirle el juego a las minorías del fascismo criollo, sumando un número más a la lista de multiplicadores del odio. En fin, nada tenía que decir sino repetir como loro toda la cháchara divisionista, racista y sexista que los medios de divulgación privados se han encargado de transmitir día y noche.
Desde que Mario Vargas Llosa decidió incursionar en la vida política no ha tenido sino una gran seguidilla de desaciertos. Aún no termina de comprender que, históricamente, la derecha sólo tiene dos recetas para tratar a los poetas: asesinarlos o utilizarlos como títeres temporales para luego desecharlos.
Desde hace muchos años Vargas Llosa se ha empeñado -sin éxito- en “debatir” con presidentes de naciones. Finalmente en Venezuela se le presenta la oportunidad de conformar un equipo de intelectuales reaccionarios para confrontar ideas con intelectuales de izquierda. Tema central: la libertad de expresión. Dicho debate no sólo iba a ser público sino en cadena nacional de radio y televisión. El lugar: el Palacio de Miraflores (la sede presidencial). Hasta el mismo Hugo Chávez estaba incluido en el equipo que iba a debatir con los personajes de derecha.
Ese domingo los estuve esperando desde la 8:00 a.m. -no, no soy intelectual; estaba afuera a las puertas de Miraflores junto a los míos, el pueblo-. A las 2:00 p.m. nos informaron que la comisión de derecha no iba a asistir al evento. Con todo pesar nos retiramos a nuestras casas. con todo pesar, pues de verdad queríamos que la confrontación ideológica se llevara a cabo con su respectiva cobertura mediática. Por ahora no fue posible.
Muchos nos quedamos con la mandíbula en el piso al comprobar -una vez más- la facilidad que tiene la prensa venezolana para mentir. Sencillamente ocurrió lo contrario: la oposición fue quien no se presentó. Sin embargo los canales y emisoras privadas hicieron eco a una mentira sin fundamento y descarada, sumándoseles posteriormente ese segmento de la prensa internacional que también responden a intereses ajenos a la comunicación veraz y oportuna.
Por su parte, Vargas Llosa continuó repitiendo como cotorra todo lo que los medios pregonaban: “Chávez no quiso debatir”. Por supuesto una mentira conveniente para el senil escritor, ya que obviamente tiene años queriendo ser noticia y -en su viaje a Venezuela- aprovechando sus 15 minutos como vedette del show mediático de siempre. En fin.
A esta hora ni la oposición menciona a Vargas Llosa. Cumplió su papel, le pagaron y lo retiraron del escenario. No obstante algunos hasta le tomaron en serio, precisamente los mismos que ahora se preguntan ¿Por qué Vargas intervino tan activamente en los asuntos políticos de Venezuela y guarda silencio con la masacre a gran escala que Alan García, presidente de Perú y compatriota del susodicho, está llevando a cabo con los habitantes de su país? ¿Dónde estaba Vargas Llosa y su discurso sobre “la libertad de expresión” cuando hace escasos días el gobierno peruano cerró un canal de televisión utilizando más de 200 piquetes?.
Mario, servir de bufón a la oposición venezolana no es tan simple. Luego del show ellos se lavan las manos y -como seguramente has podido notar- te dejan respondiendo preguntas a un público que no convocaste y está lejos de quererte y ser querido por ti. Pagaste un precio alto por tu decisión, un precio cuya mella llegó hasta tu ya deteriorada reputación como político. Mi abuela siempre lo dice: “si quieres salir del hoyo, comienza por dejar de cavar”.
Publicado en Política.
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